Pues mire usted joven, eso de los bots es todo un asunto, ¿verdad? Porque, fíjate, uno empieza a hablar de bots y ya no sabe si está hablando con una persona, con una máquina o con una persona que parece máquina, que a veces puede ser más complicado. Pero no te preocupes, que yo te explico esto paso a pasito, como quien pela una naranja para no dejar la cáscara tirada. Primero, ¿qué es un bot? Pues mira, es una cosa que no es cosa, pero que hace cosas como si fuera cosa… ¿me explico? Es como un señor que no es señor, pero que sabe lo que un señor sabría, aunque no lo es. O sea, que no tiene cuerpo ni cara ni bigote, pero sabe un montón de cosas y se mete en los lugares más insospechados, como en tu teléfono, en la computadora o hasta en el refrigerador, porque ahora ya los refrigeradores también piensan, ¡que no me digas que no!
Los bots están en todas partes, ¿ves? Están en las redes sociales, que si tú publicas una foto de tus enchiladas y de repente un bot te dice: “¡Qué ricas, cómpralas en tal lugar!” Y tú dices: “Pero, ¿cómo sabe este que me gustan las enchiladas?” Pues fácil: el bot no sabe, pero parece que sabe, porque está programado para hacerte sentir que sabe… ¿me sigues? Es como esos compadres que te dicen: “Yo sé de todo”, pero cuando les preguntas algo, te salen con otra cosa, pero lo dicen tan seguros que hasta les crees.
Y luego están los bots que te ayudan, ¿eh? Porque no todo es malo. Hay bots que te dicen la hora, el clima, que te buscan cosas, que te resuelven problemas, que te escriben poemas y hasta te dan consejos de amor, aunque ahí sí cuidado, porque, ¿qué tal si un día te enamoras de un bot? Y luego, ¿cómo le haces? ¿Le mandas flores al servidor o qué?
Pero, ¿sabes qué es lo más interesante de los bots? Que no se cansan, no comen, no duermen y no se quejan. ¡Imagínate un mundo así! Pero luego pienso: si todos fueran bots, ¿quién se va a reír de los chistes malos? ¿Quién va a aplaudir cuando uno canta mal? ¿Quién va a hacer fila en las tortillas? Eso no lo puede hacer un bot, porque, aunque parezca muy listo, nunca será como tú o como yo, que metemos la pata, pero con estilo.
Así que, joven, los bots están aquí, allá y acullá, pero no te preocupes, porque mientras haya gente como tú y como yo, que sabe reír, que sabe llorar y que sabe vivir, los bots no nos van a quitar lo más bonito que tenemos: el corazón. ¿O no?
¡Ándale, pues! ¡A seguirle, que la vida es corta, pero el chisme es largo!
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